La ruta secreta de la “Piedra del destino” y el Castillo de Edimburgo

Algunos dirán que de secreta, la ruta, no tiene mucho. Otros, que de tan secreta… aún no sabemos ni dónde se encuentra en realidad, dados los muchos rumores que apuntan a su falsificación. Puede que no resulte una preciosa obra de orfebrería, pero la Piedra Scone, más conocida como la “Piedra del destino”, atesora el privilegio de atestiguar la coronación de una buena línea de reyes escoceses, y es uno de los patrimonios más queridos del pueblo escocés, que hoy puede visitarse en el Castillo de Edimburgo. Pero antes de llevarte hasta allí, vamos a retroceder… unos cuantos miles de años.

Castillo de Edimburgo
Castillo de Edimburgo

Cuántos miles de años es algo que se nos escapa, a no ser que fuéramos capaces de datar la vida de Jacob. Sí, el bíblico Jacob (Génesis 28:10-18), y su famoso sueño, en el que apareciera la célebre escalera que subía hasta el cielo. Bajo la cabeza de Jacob, en pleno sueño, cuenta la leyenda que nació el mito de esta piedra, nada menos que mencionada en las sagradas escrituras.

Si no hacemos mucho caso a este origen bíblico, los comienzos simbólicos de esta piedra estarían más cerca del siglo V, en pleno reino Dalriada, que se extendía desde el norte de Irlanda hasta la costa oeste de lo que luego sería Escocia. Entre los siglos V y IX, la piedra fue instalada en varios sitios, aunque donde más tiempo estuvo fue en Scone, situado al norte de Perth: hasta 4 siglos permaneció allí, que sirvieron para bautizarla primeramente como “Piedra Scone”.

Desde entonces, la piedra sirvió de base para la coronación de todos los reyes escoceses, desde Kenneth I de Escocia, en el siglo IX, hasta John Balliol en el siglo XIII. Así es como esta piedra de aspecto tan austero, que nos remite a la estética más profundamente medieval, obtendría ese aura regio intransferible que le confiere su más auténtico “estuvo allí”, acompañando los momentos cruciales de la historia de Escocia.

Réplica de la Piedra del Destino
Réplica de la Piedra del Destino

El destino de la “Piedra del destino” o la Piedra Scone, creyeron los escoceses, estaría por siempre ligado a las tierras escocesas, pero no iba a ser… del todo así: en 1296, el rey Eduardo I de Inglaterra, más como un intento de humillación a Escocia que otra cosa, arrebató a los escoceses su “Piedra del destino” y la situó en la Abadía de Westminster en Londres. Y sellaba la afrenta asegurando que, en tanto que integrada y controlada por el Reino de Inglaterra, no habría más reyes para Escocia. Seis siglos permanecería allí. Y para mayor ultraje, Eduardo I mandó construir una silla de madera (“la silla de San Eduardo”), que integraba dentro un espacio para la Piedra Scone. Así las cosas, y según se retrata en las ilustraciones que circulan, los reyes británicos se coronaban… sentados sobre la famosa piedra escocesa. Poca broma.

Abadía de Westminster
Abadía de Westminster

Quizás por esto, o quizás sin que ello hubiera sido necesario, se produce uno de los incidentes más inesperados en la historia de la “Piedra del destino”: Ya en el siglo XX, en el día de Navidad de 1950, cuatro estudiantes escoceses consiguieron burlar la seguridad de la Abadía de Westminster, acceder a la silla de San Eduardo y extraer de ella la “Piedra del destino”. Eso sí, en dos trozos, porque la maniobra la partió en dos. Y cada uno de sus fragmentos viajó por separado hasta Escocia, en lo que fue un regreso apócrifo, no muy oficial, y por cierto no muy valorado por los propios escoceses.

La piedra llegó a Escocia en dos trozos y fue reparada por un cantero profesional llamado Robert Gray. No obstante, producto de la presión por la búsqueda de la Piedra Scone que estaba llevando a cabo el Gobierno británico, o por el escaso apoyo que los estudiantes obtuvieron de sus compatriotas escoceses, esta fue abandonada frente a la Abadía de Arbroath (Escocia), y de allí fue recuperada por los británicos que la devolvieron a la Abadía de Westminster en 1951.

«Dos veces en la historia se alegó que los escoceses habían engañado a los ingleses entregando falsificaciones de la “Piedra del destino”.»

Y es que también se alegó que la piedra abandonada en la Abadía de Arbroath, ¡era una falsificación!

La Piedra Scone volvería a Escocia, esta vez de forma oficial, en 1996, cuando el Primer Ministro de Inglaterra, John Mayor, instó su regreso. Fue instalada en el Castillo de Edimburgo, donde… si lo deseas, puedes visitarla.

El Castillo de Edimburgo

Castillo de Edimburgo
Castillo de Edimburgo

El Castillo de Edimburgo se encuentra situado en el centro de la ciudad de Edimburgo. Es una antigua fortaleza construida en el siglo XI que se ha convertido en la atracción turística más visitada de Escocia. Tiene cuatro de sus lados protegidos por acantilados y solo se accede a él a través de una empinada cuesta, lo que da cuenta de su eficacia defensiva en tiempos medievales. Además, estaba ceñido en su lado norte por un lago, cuyo nombre era: Nor’Loch (que en español significa “Lago Norte”), pero que ya fue desecado.

Sabías que…

  • El castillo se levanta sobre un macizo de roca volcánica.
  • El castillo de Edimburgo recibe más de 1 millón de visitantes al año.
  • Una de las áreas visitables del castillo es un pequeño cementerio en el se enterraba a los perros del Ejército.
  • El castillo esconde en su interior el edificio más antiguo de todo Edimburgo: la Capilla de Santa Margarita.

El Castillo de Edimburgo es visitable, y además de albergar la famosa “Piedra del destino”, contiene los “Honores de Escocia”, nombre con el que se conocen las joyas de la Corona de Escocia y otros objetos del tesoro real, o el “Mons Meg”, del siglo XV, que con sus 20 pulgadas de calibre está considerado uno de los mayores cañones del mundo. ¡AH! Y también podrás poner en hora tu reloj a las 13h, cuando se dispare, como cada día (excepto los domingos), el “cañón de la una en punto”.

Cañón de Mons Meg
Cañón de Mons Meg

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