Cinco bosques que te dejarán sin habla

Bosque

En estos tiempos de ruido y prisas, en un mundo donde parece imposible desconectar, aún quedan lugares habitados por brujas, duendes y espíritus. Rincones en los que encontrarse la prehistoria es posible y perderse, obligatorio. Agarra la mochila y prepárate para quedarte sin habla en este recorrido por algunos de los bosques más fascinantes del planeta.

 

 Bosque Muir Woods

Bosque Muir Woods

Muir Woods, el superviviente californiano

Sólo 12 kilómetros separan el tráfico vertiginoso del Golden Gate del Muir Woods, un impresionante bosque de secuoyas de entre 100 y 150 metros de altura y hasta 7 metros de diámetro. Si sus medidas no te impresionan, tal vez lo haga su edad, ya que algunos de estos árboles tienen cerca de 800 años y podrían vivir hasta los 4.000.

Situado en el condado de Marin (California), a los pies de la montaña Tamalpais, es uno de los 400 Parques Nacionales que hay en EE.UU., y Monumento Nacional desde 1908.

Hoy podemos disfrutarlo gracias a William Kent y su esposa Elizabeth Thatcher, quienes compraron los terrenos para tratar de proteger este espacio de la tala masiva que se estaba llevando a cabo en los alrededores de San Francisco.

Las 295 hectáreas que mide el parque están atravesadas por senderos que parten del centro de visitantes, como el Camino Dispea, Hillside Trail, o Redwood Creek. Las más transitadas son la Ocean View, que te llevará hasta el océano, y la Cathedral Grove, donde verás las secuoyas de más edad. En tu camino te cruzarás con búhos, mapaches, venados y, si tienes mucha suerte, incluso podrías ver salamandras gigantes de California. Y si lo que realmente buscas es desconectar por unas horas, alégrate: no hay cobertura en todo el parque.

 

Sagano, el hipnotizador verde

Bosque Sagano

Sólo los títulos “Sitio Histórico” y “Lugar de Gran Belleza Escénica” ya deberían darte algunas pistas sobre la belleza del bosque Sagano, a los pies del monte Arashiyama, en la isla de Kioto. Aunque desconocemos su antigüedad exacta, tenemos referencias a él en “La Historia de Genji” de Murasaki Shikibu que data del siglo XI, así que este bosque japonés lleva al menos 1.000 años hipnotizando a todo aquél que se atreve a cruzarlo.

Cincuenta variedades de bambú con una altura de hasta 20 metros te envolverán en un silencio sobrecogedor sólo roto por el susurro de los troncos mecidos por el viento.

Si recorres a pie alguno de los 16 kilómetros de senderos que cruzan el bosque, además de dejarte embrujar por los espectaculares efectos que la luz del día crea sobre hojas y troncos (incluso de noche, ya que el bosque cuenta con iluminación artificial), podrás encontrarte con templos como el Tenryu-ji. Pero si tienes la oportunidad de conseguir asiento en el tren turístico de Sagano, te conviene recorrer en sus vagones de madera los 7 kilómetros que circula paralelo al río Hozugawa.

Por último, recomendamos visitar alguno de los numerosos comercios donde podrás comprar productos artesanales hechos con bambú (aunque aseguran que dan más suerte si alguien te los regala).

 

Gorbeia, un bosque de leyenda

 Bosque de Gorbeia

Bosque de Gorbeia

Escenario de historias de la mitología vasca, repleto de lamias, brujas y gentiles, y lugar de una gran tradición pastoril, encontramos, marcando el límite entre Bizkaia y Álava, el Parque Nacional de Gorbeia.

Se trata de más de 20.000 hectáreas de entorno rocoso cubierto de hayas, robles y pinos, coronadas por el monte Gorbeia, de 1.481 metros de altitud. En su cima se encuentra la famosa Cruz del Gorbeia, una estructura metálica de algo más de 17 metros de alto que fue levantada en 1907 después de que las dos cruces anteriores se cayeran.

Aunque el principal atractivo del Parque es su vasta mitología (se han llegado a contabilizar hasta 450 leyendas sobre el lugar), también es una joya para los amantes del deporte. En nuestra visita encontraremos todo tipo de facilidades para realizar rutas a caballo, a pie o en bicicleta, con las que llegaremos a lugares mágicos como la cascada de Gujuli, el humedal de Saldropo, El Ojo de Atxular, el Karst de Itxina o la impresionante cueva de Mairuelegorreta, donde además podremos practicar la espeleología.

El Gorbeia también es un lugar de visita obligada para observar azores, gavilanes, águilas, halcones peregrinos y alimoches y, aunque son mucho más difíciles de encontrar, gatos monteses, ciervos y lirones.

Lo que sí hallaremos a lo largo de nuestro recorrido son pastores conduciendo rebaños, ferrerías y caseríos, recuerdo vivo de los habitantes que desde hace 4.000 años han poblado estas tierras.

 

Garajonay, el Edén canario

 Bosque en el Parque Nacional de Garajonay

Bosque en el Parque Nacional de Garajonay

Si alguna vez te has preguntado cómo eran los bosques de Europa y el norte de África hace millones de años, no tienes más que visitar el Parque Nacional de Garajonay para saciar tu curiosidad. En el mismo centro de la isla de La Gomera encontramos 4.000 hectáreas de laurisilva (casi la mitad de toda la que hay en el archipiélago canario).

Como si se tratase de un fósil vivo, esta impresionante masa forestal conocida como “monteverde” resiste a pesar de su proximidad al desierto del Sáhara gracias a la abundante niebla que cubre la parte central de la isla. Esa niebla, unida a una temperatura constante durante todo el año, hace posible la existencia de helechos, musgos y líquenes, creando un bosque muy similar a los de los cuentos de hadas.

Al estar situado justo en el centro, es muy fácil llegar desde prácticamente cualquier punto de la isla, pero si no quieres preocuparte por el coche, puedes tomar una de las líneas de autobús (llamado guagua), que te dejarán a las puertas del Garajonay.

El alojamiento tampoco será un problema a no ser que pretendas acampar, ya que está prohibido en toda la isla, salvo en el caserío El Cedro; allí hay un recinto privado donde sí podrás montar tu tienda de campaña. Te recomendamos que no abandones el parque sin pasar por el mirador Lomo del Dinero, desde donde podrás ver una gran masa de “monteverde” sobre Meriga.

Por cierto, en tu camino encontrarás un gran número de riachuelos pero, si contabas con refrescarte en alguno de ellos, sentimos decirte que está prohibido hacerlo, con el fin de proteger la fauna y flora que los habita. Además, el agua está helada, incluso en verano.

 

Parque Nacional de los Glaciares

Bosque del Parque Nacional de los Glaciares, Argentina

Bosque del Parque Nacional de los Glaciares, Argentina

Donde sí que está helada el agua es en el Parque Nacional de los Glaciares, en Argentina. Más de la mitad del parque está cubierto por el Campo de Hielo Patagónico, que es el segundo manto de hielo más grande del planeta, sólo superado por la Antártida. El contraste entre el blanco y azul intenso de los glaciares, y el color oscuro de las montañas y los terrenos áridos de la estepa patagónica enamora cada año a miles de turistas.

De los cerca de 250 glaciares que forman el parque, es de visita obligada el llamado Perito Moreno, un impresionante glaciar de 5 kilómetros de longitud y que se levanta casi 70 metros sobre las aguas del lago Argentino. Podrás observarlo muy de cerca desde alguno de los miradores y pasarelas que lo rodean.

Como curiosidad te podemos contar que el Perito Moreno debe su nombre a Francisco Pascasio Moreno, quien en 1877, mientras peritaba los límites entre Argentina y Chile, se convirtió en una de las primeras personas no indígenas en llegar hasta el lago que da origen al río Santa Cruz, y al que llamó Lago Argentino. Aunque estuvo realmente cerca del glaciar, nunca llegó a conocerlo. También te dejarán sin palabras dos grandes lagos formados gracias al deshielo: el Lago Viedma y el Lago Argentino, que vierten sus aguas al Atlántico a través del río Santa Cruz.

Si te has quedado sin habla tras este recorrido virtual por los bosques más impresionantes del planeta, conocerlos en persona te volverán mudo. Querrás retener en tus pupilas toda su belleza y que ningún ruido distorsione ese recuerdo. Te damos nuestra palabra.

 

 

 

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