¿Puede una flor de cocktail hacernos evocar las calles de Tirol del Sur, los Dolomitas, Trieste, Innsbruck o Piran?

E incluso Alemania. Tal es el reto, para algunos obvio, de hacer sentir conectadas ciudades que, de otro modo, parecen darse la espalda. Todo a cuenta de una flor de arbusto, la flor de saúco, cuyo origen a veces se sitúa en Austria, otras veces en Alemania, a veces en Bonzania (Italia), del que se obtiene un sirope dulce, que es base para una degustadísima bebida en la región: el Hugo. El Hugo es un cocktail tipo spritz que se bebe a hectólitros en la zona del norte de Italia, Austria o Alemania, y en muchas zonas de costa del Mar Adriático. Los influjos de esta flor blanca y pequeña que da el punto dulce al Hugo han viajado hasta hallarse al límite de Europa, incluso en Estambul, aunque es en la zona de Italia, Eslovenia, Austria o Alemania donde se hace hueco frente al éxito del spritz veneciano y sus variantes confeccionadas sobre una base de Apperol.

Flor de saúco
Flor de saúco

Ingredientes del Cocktail Hugo

¿Con qué ingredientes se confecciona el Hugo? Anota, como base, el sirope de flor de saúco (no tan fácil de encontrar en España), y también el licor de saúco, añadiendo vino blanco, hoja de menta, rodaja de limón y soda. ¿Variantes? Todas las del mundo, incluyendo, por supuesto, la que mezcla cava, agua con gas, hierbabuena, etc., ¡al punto de cada sitio! Eso sí, siempre servido muy frío y en copa de vino o de champagne, ¡es lo propio!

La reivindicación italiana del Hugo y los sabores de los Dolomitas

El Hugo es una bebida de éxito en esta área encrucijada entre varios países y culturas que compiten por adjudicarse su invención, aunque si uno busca un nombre, un lugar y un momento determinado, la cruz señala una ubicación italiana: Roland Gruber defiende haber inventado el Hugo en 2005 para su local situado en la ciudad italiana de Naturno, al norte del país, en Tirol del Sur, casi lindando con la frontera austríaca —la cosa va de límites, de fronteras, como corresponde a una bebida intercultural—.

Funes
Funes

Quizás sea una buena excusa para disfrutar de un recorrido por los mejores parajes naturales junto a los Dolomitas, donde encontraremos preciosos pueblos con encanto donde empaparnos del sabor cultural de Tirol del Sur. Bonitas localidades como Glorenza, cuyas murallas y trazado medieval nos evocan los tiempos del siglo XVI; Chiusa, con sus viejas callejuelas de fachadas de colores; o Funes, aparentemente concebida para devolver las mejores vistas de las montañas, al más puro estilo tirolés.

La contundencia natural del Tirol austríaco como hogar del saúco

Aquí, en el Tirol austríaco, también resulta fácil imaginar cómo sería la recogida de las flores perfumadas del saúco, en torno al año 900, en medio de semejante paisaje. Se sabe que ya entonces se recogía esta flor blanca, nunca por la mañana, cuando está aún cerrada, ni tampoco al final del día tras tantas horas de sol, con la que se confecciona el sirope mágico de esta planta, que hoy degustamos en deliciosos Hugos.

Innsbruck
Innsbruck

El Tirol austríaco comparte con el lado italiano las tradiciones tirolesas, más intensas si cabe, aunque en equilibrada mezcla moderna, sobre todo en ciudades más grandes como su capital: Innsbruck. Te animamos a dedicar un recorrido por sus calles, especialmente la Maria Theresien Strasse, la calle más comercial; o visitar el llamado “Tejadillo de Oro” (unas tejas de cobre que relucen como el oro), el Palacio Imperial, o el Castillo de Ambras. Además, Innsbruck tiene un funicular que te llevará a lo alto de la estación Hafelekar, a 2.300 metros de altura, para vivir su cenit natural, caligrafía propia de estos parajes implacables.

Kufstein
Kufstein

Otro hermoso lugar del Tirol austríaco es la ciudad de Kufstein, a la que apodan “la perla del Tirol”. Es una de esas bonitas ciudades cruzadas por un río: el Inn, pero también afortunadas por conservar una fortaleza medieval asentada sobre la parte más alta y a la que se puede acceder fácilmente mediante un ascensor transparente. El centro de la ciudad exhibe casas de fachadas coloridas, decoradas con pinturas y flores, entre las que además encontraremos multitud de tiendas artesanales propias del Tirol. Y claro, locales con todo el sabor tirolés donde tomar nuestra bebida “intercultural” de referencia.

Trieste, cruce de culturas por mar y tierra

La ciudad de Trieste aparece a menudo asociada al Hugo, quizás porque comparte con esta bebida su identidad encrucijada, su influencia transversal a través de la cultura de las regiones más próximas. No en vano, Trieste está próxima a Eslovenia, pero también es una ciudad italiana de pleno derecho, y en el pasado formó parte del Imperio Austrohúngaro: un cruce de caminos en el espacio y en el tiempo, que rima a la perfección con las tierras del saúco de uno al otro extremo de esta ruta multicultural que une a las gentes.

Trieste
Trieste

Entre sus calles, un roce literario, un anhelo de palabras atemporales que parecen perdidas a lo largo de sus calles, pero que se reencuentran en sus famosos cafés literarios: cafeterías de época en las que se atrincheraban los artistas a lidiar con las palabra: Stendhal, Joyce, Hemingway, Saba… nombres también atemporales que proyectaron en sus palabras algo del aire casi eslavo que atraviesa la ciudad. Anota el Caffè San Marco, que además integra una librería, o la terraza irresistible del Café degli Specchi, donde los Hugos van y vienen:

Piazza Unità di’Italia
Piazza Unità di’Italia

Si tienes tiempo, entre Hugos y libros, y si no sopla fuerte el bora —el viento más autóctono de la zona—, gana un poco de tiempo para visitar enclaves como el de la Piazza Unità di’Italia, que además da al mar; el Canal Grande, el Castillo de Miramare y sus jardines, la catedral, o la iglesia ortodoxa de San Spiridione, el Castillo de San Giusto, y hasta su antiguo teatro romano, que da cuenta del tiempo pasado en esta ciudad de encuentros de paso. Lógico que aquí el Hugo encontrara un caldo de cultivo idóneo para su disfrute, su asentamiento, y sus variantes…

Piran, ciudad esponja de tradiciones adriáticas

Y va de fronteras, de travesías culturales y franjas que unen y confunden las costumbres y las tradiciones. Piran pertenece a Eslovenia, que se halla a escasos kilómetros de la frontera con Croacia, ¡fijaos dónde nos lleva el Hugo!, y es nuestra parada después de Trieste. Situada en una punta que se adentra en el mar Adriático, la ciudad parece mirarse con otras con quienes comparte el mar… sobre todo Venecia, a la que copió parte de su estilo arquitectónico —no en vano, en días claros, se atisban mutuamente desde la costa—.

Piran
Piran

La historia ha puesto a Piran bajo el control de muchas culturas, empezando por la de los romanos, luego bizantinos, franceses… y también italianos, que quizás llevaron sus recetas de buenos refrigerios a base de flores autóctonas. Así las cosas, la tentación del Hugo se aprecia en las terrazas que acompañan al paseo que rodea la Punta de Piran, en donde bien podrías pasar una tarde disfrutando de esta bebida dulce y mesurando sus variaciones a medida que bajamos recorriendo la costa de mediterránea.

De paso, ¿qué ver en Piran? Bueno, para empezar, los restos de una muralla fortificada del siglo VII desde donde gozarás de las mejores vistas sobre la ciudad, sobre esta ciudad en punta de anhelo marítimo en donde es fácil sentir el modo cómo se ha relacionado durante siglos con sus “vecinos adriáticos”. Si lo deseas, puedes pasear por la muralla, que es el del siglo VII, y hacer fotos increíbles.

Plaza Tartini, Piran
Plaza Tartini, Piran

No te pasará desapercibida la catedral de San Jorge, el gran edificio de Piran que parece vigilarla desde la colina en la que fue construida en el siglo XII (aunque su última renovación se produjo en el siglo XVII), así como su campanario de inspiración elocuentemente veneciana, con sus 46 metros de altura. Como imposible es que no atravieses la Plaza Tartini, hasta la que llegaba el agua del mar en otros tiempos, y que nos devuelve esta aspiración marítima de Piran de intercambio cultural y mercancías.

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