Cómo decidir si visitar o no el campo de concentración de Auschwitz

Entre 1.1 y 1.5 millones de personas fueron asesinadas en el campo de exterminio nazi de Auschwitz, mejor llamado Auschwitz-Birkenau, pues fue precisamente en ese otro módulo próximo, cuyo nombre hizo menos fortuna, en donde la letalidad del exterminio alcanzó su cenit. Hoy, las instalaciones son perfectamente visitables, incluyendo la posibilidad de acceder a alguna de sus cámaras de gas, pero la decisión de hacerlo o no… es solo nuestra. ¿Es buena idea visitar el campo de concentración de Auschwitz? ¿Es ético?

El campo de exterminio de Auschwitz

El campo de exterminio de Auschwitz fue construido en 1939 y, en conjunto con sus otros módulos, como Birkenau, estuvo en funcionamiento hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando parte de sus instalaciones fueron dinamitadas en un torpe intento nazi por ocultar la gravedad de los crímenes allí perpetrados. Fue liberado por el Ejército Rojo el 27 de enero de 1945, donde los soldados encontraron a un total de 7.600 prisioneros en condiciones extremas. Solo dos años después, se abrió bajo el nombre de Museo Estatal de Oświęcim, o Museo Estatal Auschwitz-Birkenau, como un monumento de crímenes de guerra, y en 1979, la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad. Antes de la pandemia, el campo recibía dos millones de visitantes al año, aproximadamente.

Barracones Auschwitz
Barracones Auschwitz

¿Tienes ocasión de visitar el campo de concentración de Auschwitz? Si es así, es posible que ya tengas o bien el deseo de visitarlo, o el deseo de no hacerlo, y tan solo estés en busca de los argumentos para justificar tu decisión. Si es así, en realidad, ya tienes tu decisión tomada de antemano y, a continuación, te daremos unos… y otros, para que optes por los que, en el fondo, deseas encontrar. Así es cómo pretendemos desplegar el dilema ético sobre la visita a Auschwitz, aunque al final encontrarás una propuesta de criterio para decidir… por si ¡realmente! estuvieras esperando una opinión externa.

El museo estatal de Auschwitz-Birkenau
El museo estatal de Auschwitz-Birkenau

Argumentos en contra de visitar Auschwitz

Hay personas para las que los 1.1-1.5 millones de personas exterminadas en Auschwitz son el comienzo y el final del debate ético. Para otros, es precisamente la razón por la que es un dilema ético a dilucidar. Entre ellos, quienes apuntan que la visita conecta con eso que llaman el “turismo oscuro” o “dark tourism”, del que ya nos ocupamos aquí en su día, y que se refiere a todas esas formas de turismo que conectan con la muerte: sus espacios, sus tiempos, sus visiones, etc.

Y es que, ciertamente, la apertura del campo de Auschwitz algo tiene que ver con una mercantilización de un espacio severamente conectado con la muerte, con un espacio de dolor muy señalado en la historia de la humanidad. De hecho, hay quien piensa que pagar por acceder a su interior, somete la experiencia, de alguna forma, a una lógica turística, que finge integrarse con normalidad en una unidad mayor, como la de un circuito de varios días por otros lugares para el placer en el que parece que todo cabe. ¿Puede ser la excursión a Auschwitz una pieza más con la que confeccionar un viaje turístico?

¿Y cómo es la mirada del viajero que se adentra en el espacio del campo de Auschwitz? Pueden ser varias, según el objeto de nuestra visita, como la de una mirada documental, o histórica, pero entre las que puede esconderse también una cierta mirada morbosa que conecta con esa idea de muerte… a la que aludíamos antes. Hasta cierto punto, ¿no responde la mirada del visitante a una intención escópica, un deseo de ver, producto de un deseo mal conducido y quizás “inmanejable”?

Se arguye en ocasiones que la visita de Auschwitz es también una denuncia de los crímenes de guerra cometidos por los nazis, pero una denuncia que pierde su legitimidad al ser construida sobre la mercantilización de un espacio (y un tiempo pasado), es decir, sobre una experiencia que se compra y se consume dada. Es más, si se ofrece al visitante como un objeto para su mirada, ¿no se está brindando a modo de espectáculo?

Tren de prisioneros
Tren de prisioneros

Argumentos a favor de visitar Auschwitz

Nada tan irrespetuoso con quienes fueron objeto de exterminio en Auschwitz, como invisibilizar, suavizar o apartar de nuestra mirada los hechos más terribles. Y es que, leyendo las tópicas expresiones con las que a menudo se da cuenta de lo sucedido, los sempiternos “crímenes de guerra”, “solución final”, etc., uno tiende a aligerar el horror y a pasar sobre él, arrebatándole su parte más violenta, y reduciéndola a un acontecimiento, uno más, en el lado siniestro de la historia de la humanidad. Sin embargo, las descripciones —las palabras— no alcanzan a dar cuenta de las experiencias vividas en Auschwitz, y nada como las huellas de tales experiencias para conocer los extremos a los que la humanidad ha llegado en sus horas más pudendas. Realmente, ¿en qué consiste el favor que supuestamente hacemos a quien sufrió los crímenes, reduciendo su experiencia a las palabras con las que lo contamos, de espaldas al sitio donde todo sucedió? ¿Sería ese su deseo?

De algún modo, conocer mejor el alcance de la tragedia, puede ser la ocasión de hacernos cargo de unos acontecimientos históricos que, en tanto que seres humanos, nos conciernen, como parte de nuestra historia y de nuestros momentos más intolerables. Se acusa a Auschwitz de ser un objeto de lógica capitalista que mercantiliza un espacio de dolor, pero… también hay otra forma de verlo: frente al discurso capitalista, empecinado en hacernos vivir 24 horas al día una visión placentera de la vida, de la que parece emerger el mensaje de “Todos nos lo estamos pasando genial, ¿por qué tú no?”, y en el que hay poco espacio para la representación de los momentos más oscuros y menos felices de nuestra vida y nuestra historia, Auschwitz nos sitúa de improviso en una rotura de dicha visión: produce una quiebra subjetiva, puede operar como un límite necesario a esa impostura de la felicidad permanente. Si criticamos con tanta facilidad a las redes sociales por devolvernos una ficción de bienestar y exultante alegría constante, ¿por qué no reivindicamos hacernos cargo de aquellas experiencias que hacen límite a esta visión tan edulcorada? ¿Quizás porque hay quien sonríe en sus selfies de Auschwitz? ¿Desde cuándo la falta de sensibilidad de unos, o su incapacidad para ver y entender las cosas, como la de los niños, ha sido la excusa para dimitir de nuestra responsabilidad, y no la razón para subrayar la necesidad de explicar y hacer entender?

Prisión judía Auschwitz
Prisión judía Auschwitz

Entonces, ¿qué hago?: Visitar o no Auschwitz

¿Te hemos dejado con dudas? Bien, era nuestra intención, animarte a cuestionar de forma crítica un asunto de naturaleza ética. No se te habrá escapado que nosotros no presumimos de haber dado con la respuesta correcta, ¿verdad? Nosotros no tenemos la respuesta. Quizás la mejor manera de decidir si visitar Auschwitz o no sea apostar por hacer de ello un acto ético, y a continuación pensar si la carga ética del acto de visitarlo pesa más por la responsabilidad de no invisibilizar lo sucedido, es decir, asumir lo que la tragedia real conmueve de nosotros en tanto que seres humanos; o no aceptar la mercantilización de un espacio de horror difícil de superar: las dos claves principales de cada una de las posturas.

¿Con cuál te identificas tú?

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