El Castillo de Neuschwanstein y el sueño romántico del “Rey Loco”

Puede que, como el propio Don Quijote, por exceso de novelas de caballerías, el rey Luis II de Baviera también se volviera loco, pero por efecto de Tristán e Isolda, o de Lohengrin, los clásicos wagnerianos que tanto le gustaban. Y así fue que en 1868, este rey al que apodaban “rey enamorado del arte” —aunque también “el Rey Loco”, ¡ojo!— proyectó un castillo de cuento con todo el sabor de las historias de damas y caballeros.

En realidad, en 1868… ya no era tiempo de castillos ni fortalezas, y la ocurrencia tenía olor a capricho regio y trasnochado, pero así fue cómo nació el Castillo de Neuschwanstein, alzado sobre un espectacular desfiladero cerca de Füssen (en Baviera), y que ha terminado convirtiéndose en el edificio más fotografiado de Alemania y uno de los primeros destinos turísticos del país.

En 2007, el Castillo de Neuschwanstein se quedó octavo en la elección de las nuevas “Siete Maravillas del Mundo Moderno”. ¡Descubramos esta irresistible fantasía medieval!

Castillo de Neuschwanstein schwanstein Baviera
© Bayerische Schlösserverwaltung (Photo: Anton Brandl) www.neuschwanstein.de

Lo cierto es que al rey Loco, la idea se le ocurrió… viajando: en mayo de 1867, visitó el castillo de Wartburg, en Eisenach, y unas semanas después el castillo de Pierrefonds, y en su mente comenzó a dar forma a una fantasía digna de las obras musicales de uno de sus contemporáneos favoritos: Richard Wagner, a quien escribió el 15 de mayo de 1868 y le prometió un castillo dedicado a sus obras y construido “al estilo auténtico de los castillos alemanes”. Lo más gracioso es que Wagner… ¡nunca visitó el castillo!, y todo a pesar de que si hubiera que imaginarse un castillo para que una Isolda se muriera… ¡de amor!, ¿dónde mejor que en un castillo como el de Neuschwanstein?

«Con su semblante de cuento, proyectado por un escenógrafo teatral, el castillo de Neuschwanstein es el edificio más fotografiado de Alemania»

Comenzó a construirse en 1869, bajo la supervisión personal de Luis II, que debía aprobar primero cada boceto. El castillo estaba destinado a protagonizar un escenario natural de estampa idílica, y así lo proyectó el escenógrafo teatral Christian Jank, con influencias estilísticas románicas, góticas y bizantinas. Es cierto que fue objeto de burla por parte de los críticos de arquitectura de la época —que desgastaron la palabra “kitsch”—, pero hay que reconocer que el semblante del conjunto… es, simplemente, inolvidable.

Castillo de Neuschwanstein
Castillo de Neuschwanstein en Baviera

Así lucía el Castillo de Neuschwanstein en pleno proceso de construcción entre 1882 y 1886. Hasta 200 artesanos trabajaban, de media, cada día, en las obras del castillo, y en ocasiones hasta 300, incluso en turnos nocturnos ayudados de candiles para ver en la oscuridad.

El interior del castillo también integra numerosas referencias a leyendas y personajes de las óperas de Wagner, como los propios Tristán e Isolda, pero también a figuras como la de Fernando el Católico (¿a que no te lo esperabas?). Cuenta con una “Sala del Trono” que mide 20×12 metros, una altura de 13 metros y una espectacular lámpara de araña de corona bizantina.

Durante la IIª Guerra Mundial, los nazis utilizaron el castillo de Neuschwanstein para albergar obras de arte que habían sido robadas en Francia, y también reservas de oro del Reichbank: ¡lo que le faltaba a un castillo que ya solo podía soñar con tener su propio dragón! A punto de perder la guerra, el castillo estuvo cerca de ser demolido por las SS para evitar que las obras de arte cayeran en manos enemigas, pero afortunadamente se salvó y el conjunto fue entregado al bando aliado. Por poco…

El Castillo de Neuschwanstein en Baviera - © Bayerische Schlösserverwaltung (Photo: Fotostudio Samer, Peter Samer) www.neuschwanstein.de
El Castillo de Neuschwanstein en Baviera - © Bayerische Schlösserverwaltung (Photo: Fotostudio Samer, Peter Samer) www.neuschwanstein.de

Quizás no sepas que el castillo de Neuschwanstein inspiró el famoso diseño del castillo de la Bella Durmiente de Disneyland, pero también que inspiró a artistas internacionales como Andy Warhol e incluso a bandas musicales como Blur, que emplearon la imagen del castillo en la portada de su sencillo Country House.

En su delirio, el rey Loco no pensó el castillo de Neuschwanstein para que se abriera al público y recibiera visitantes de todo el mundo —en su imaginación, esa gracia estaría al alcance de unos escasos caballeros investidos por su noble destino—, pero la verdad es que sus puertas se abrieron solo seis semanas tras la muerte de su regio impulsor y hoy son numerosos los visitantes que deambulan por sus cámaras y pasillos. Eso sí, siempre acompañados de guía turístico, en recorridos de 35 minutos.

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