Filipinas, el nuevo paraíso en Asia

Filipinas

Estar en Filipinas es estar en dos sitios a la vez, tanto por su influencia española y estadounidense (fue colonia de ambos países), como por su ubicación (por el sur del país cruza la línea de Wallace, el límite geográfico que separa las regiones de Asia y Oceanía). Caminando por sus avenidas sentirás que podrías definirlo con mil palabras contrapuestas.

 

    Archipiélago Bacuit, Filipinas

Archipiélago Bacuit, Filipinas

La naturalidad de la riqueza.

Filipinas, un archipiélago de 7.107 islas, es el resultado del mestizaje entre diferentes países, culturas, costumbres y tradiciones durante siglos.

Pese a estar formado por islas, es el decimosegundo país más poblado del mundo y uno de los más ricos en biodiversidad. Con estos credenciales, ¿cómo no van a dar ganas de visitarlo?

Si buscas un destino que mezcle un poco de todo, estás en el camino correcto. La mayoría de islas de Filipinas son montañosas, por lo que la parte “naturaleza” la tienes cubierta. Estas áreas son en su mayoría pura selva tropical y de origen volcánico. Las caminatas por sus senderos no deben faltar en tu guía de viaje.

Tal vez, durante el trayecto, puedas observar algún ejemplar de especies animales únicas que habitan aquí. Lo que es seguro que verás y tocarás serán los bambús (¡hay 54 especies diferentes!), los cocoteros (muchas poblaciones filipinas viven de su comercialización) y la caoba. Ten por seguro que el paseo va a ser enriquecedor.

Y si hablamos de enriquecimiento, tal vez tengas la suerte de “encontrar” alguna pepita de oro. Y no por casualidad. Filipinas es el segundo país del mundo con un mayor depósito de oro después de Sudáfrica.

Aunque si lo tuyo son los metales menores, este país también dispone de uno de los yacimientos de cobre más grandes del mundo. O sea, que aquí sí es oro todo lo que reluce.

Cambiando ahora de ámbito, si te acercas a las zonas costeras podrás disfrutar también con el avistamiento de alguna de sus más de 2.400 especies de peces o de sus más de 500 tipos de coral. De hecho, el Arrecife de Apo es el más antiguo del país y el segundo más grande del mundo. En aguas filipinas se mantiene también el cultivo de perlas, cangrejos y algas.

 

Los orígenes de Filipinas.

Una vez metidos en materia y sabiendo que este país nunca ha presumido de sus riquezas naturales, pese a tener motivos más que suficientes para ello, recordemos sus orígenes culturales.

¿Sabías que su nombre, “Filipinas”, procede del nombre del rey Felipe II de España? Fue durante una expedición en 1542 cuando el explorador Ruy López “re-bautizó” las islas de Leute y Sámar como Filipinas. Actualmente, el nombre oficial es “República de Filipinas”. Tres siglos bastaron para asentar una cultura hispana que todavía hoy perdura. Principalmente en la religión, mayoritariamente católica, pero también en su legado arquitectónico, y en nombres y apellidos. Tal vez conozcas a un pariente muy, muy, muy lejano durante tu visita aquí. Los estadounidenses “donaron a la causa” el idioma inglés, hablado por todos.

 

Filipinas bajo el mar

Isla de Borocay, Manila

Isla de Borocay, Manila

La temperatura media anual en Filipinas es de unos 26 grados. Enero es el mes más templado e ideal si no quieres deshidratarte en tu visita, y mayo el más cálido, solo apto para viajeros acostumbrados a la humedad y el sol perennes.

Como todo paraíso que se precie, Filipinas tiene muchos y muy bonitos rincones que se hacen imprescindibles de visitar durante tu estancia aquí. Uno de ellos es la isla de Boracay. Considerada como mejor isla del mundo por la revista Travel + Leisure, su principal atractivo turístico son los 10 kilómetros de playas de fina arena blanca. Entre ellas se encuentra la “White Beach”, el auténtico paraíso en mayúsculas.

Ostentar este título no es algo gratuito y Boracay es hoy día la isla más visitada de Filipinas. Eso sí, no deja de ser uno de los destinos más exclusivos del país y del mundo, a la altura de otros como Bali o Phuket. Recomendamos visitarla de noviembre a mayo para que la experiencia sea totalmente gratificante.

Si además de playeo buscas un poco de aventura, debes recorrer el archipiélago de Bacuit. Subido a una bangka (barca de madera), podrás disfrutar de un paisaje compuesto por escarpaduras de caliza, playas con palmeras, lagunas escondidas, arrecifes e islas tras islas en las que podrás incluso pernoctar. Existen varios tipos de tour que puedes contratar dependiendo de los destinos que quieras ver y la comida en la propia barca suele estar incluida.

Imprescindible llevar contigo aletas, tubo y gafas para practicar snorkel. Te aseguramos que lo que veas bajo el mar va a ser difícil de olvidar.

Si lo de fisgonear agua a través te gusta, no puedes irte de Filipinas sin husmear en la isla de Corón. Auténticos tesoros hundidos bajo sus aguas son un reclamo publicitario de campeonato para buceadores de todas partes del mundo.

Reliquias como el carguero japonés Olympia Maru, que yace enterrado en el suelo marino y está lleno de peces globo y tortugas gigantes; el Skeleton Wreck, un navío japonés hundido; o proyectiles norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial, conforman un escaparate singular que te va a encantar.

 

Terrazas arroceras en Filipinas

Terrazas arroceras en Filipinas

Filipinas Street View

Volviendo a poner los pies en la tierra, no debes dejar escapar la ocasión de acercarte hasta las Colinas de Chocolate en Bohol. Se trata de una formación rocosa compuesta por 1.268 colinas verdes con forma de conos, todas del mismo tamaño, que se transforman en montañas de chocolate cuando el sol cambia el color de su vegetación de verde a marrón. Todavía hoy no se conoce bien ni su origen ni cómo se formaron tan similares unas de otras, pero su extraña disposición, un tanto de ciencia ficción, les ha valido ser consideradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Continuando con lugares mágicos, otra de las imágenes que debes captar con tu retina es la de las terrazas arroceras de Banaue. Consideradas como una de las ocho maravillas del mundo, fueron construidas hace más de dos mil años por la tribu indígena de los Ifugao. Su entramado de manantiales que canalizan el agua de las selvas subtropicales crea un sistema de riego perfecto que merece la pena contemplar.

 

 

Manila, Filipinas

Manila, Filipinas

Manila: la caótica capital

Pese a que la capital filipina fue la segunda ciudad más arrasada después de Varsovia durante la Segunda Guerra Mundial, lo cierto es que visitar Filipinas y no acercarse a conocerla, es un error de primero de viajero.

Lo primero y más importante a la hora de desplazarse por esta urbe de 15 millones de habitantes es agenciarse un jeepney. Estos singulares vehículos, jeeps americanos heredados de la Segunda Guerra Mundial, son fácilmente reconocibles por los intensos y chillones colores de su carrocería y las frases acerca de Dios escritas en todas ellas. Moverse a bordo de uno de estos coches es, en sí mismo, un motivo de peso para visitar la ciudad.

Tu primer destino debe ser el casco antiguo de la ciudad o Intramuros. Apeándote aquí, puedes recorrerlo a pie hasta la avenida principal, la calle General Luna, que cruza el barrio de norte a sur.

Indispensable contratar una visita guiada y teatralizada por el Fort Santiago. El comediante Carlos Celdrán narra, de un modo bastante gracioso y ocurrente, la historia de Filipinas y Manila y te ayudará a conocer un poco más los orígenes de esta ciudad. Entre otras muchas anécdotas, podrás saber que España vendió la colonia a EEUU por 200.000 dólares, y podrás hacerte con algunos souvenirs típicos en la tienda La Monja Loca, situada al final del recorrido.

Si tus piernas aún responden y tienes ganas de seguir indagando en la herencia de los americanos, puedes acercarte a visitar el Cementerio Estadounidense, en Fort Bonifacio. Es el mayor cementerio americano fuera de EEUU y da sepultura a más de 17.200 militares. Cada una de sus tumbas tiene una cruz de mármol blanca, creando un paisaje asombroso. A pesar de lo que pudiera parecer, se trata de un parque fresco, verde y bien cuidado, situado en medio de un entorno de enormes rascacielos. Una estampa curiosa que deberías inmortalizar como homenaje a los caídos.

El barrio de Malate, uno de los más bohemios de Manila, puede ser otra de las paradas del tour. En sus calles conviven algunos bares genuinamente filipinos donde degustar platos típicos y como no, locales de karaoke en los que enfrentarse vocalmente a los talentos locales. Y tras esta dura jornada de turisteo, nada mejor que finalizar con un masaje.

La zona de Makati acoge varios locales especializados en los que podrás dejarte manosear a muy buen precio.

Para concluir la velada, deberías optar por una cena con las mejores vistas aseguradas. En el propio barrio de Makati tienes el restaurante Black Bird, una antigua torre de control aeroportuaria en la que recuperarte del vaivén de Manila degustando ricos platos locales. Tras saciar tu sed y hambre, la pista estará despejada para aterrizar en uno de los muchos bares que hay en la ciudad o bien, en cualquiera de los hoteles de lujo a buen precio ubicados en la zona.

 

Tú eliges cómo finalizar tus vacaciones en Filipinas pero damos por seguro que lo harás con un buen sabor de boca.

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