La Alhambra, una joya nazarí

Alhambra de GranadaPara aquellos que no la conozcan, la Alhambra, en Granada, es un enorme recinto fortificado que dio hogar a varios sultanes y funcionarios durante la dinastía nazarí, fundada por Muhammad I, “el hijo del rojo”. Su nombre, al-Hamrá (en árabe), podría traducirse como “castillo rojo”, y se debe al color rojizo de sus muros, que fueron construidos en arcilla en lo alto de la colina al-Sabika, obteniendo una posición estratégica para dominar la ciudad.

Y aunque ahora la veamos como una única construcción, la verdad es que fue levantándose progresivamente durante el mandato de sucesivos sultanes hasta alcanzar el espacio que hoy conocemos, reparado y bien conservado. De hecho, este es uno de los monumentos más visitados de España y uno de los mejores conservados de la época islámica, por lo que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1984.

Decoración de la Alhambra

Se trata de un conjunto compuesto por varias obras arquitectónicas con diferentes elementos decorativos donde el agua y la luz juegan un papel imprescindible, aunque si queremos profundizar en los pequeños detalles deberíamos fijarnos en las inscripciones que aparecen en algunos de los muros que forman el recinto. La realidad es que estas paredes esconden poemas escritos por tres viejos poetas de la Corte de Granada, y digo que están escondidos porque ¿quién sería capaz de descifrar estos versos? Pues para vuestro asombro hay expertos que han sabido interpretarlos y por ello me gustaría compartir con vosotros un fragmento de uno de ellos:

«Esta obra ha venido a engalanar la Alhambra;

es morada para los pacíficos y para los guerreros;

Calahorra que contiene un palacio.

¡Di que es una fortaleza y a la vez una mansión para la alegría!

Es un palacio en el cual el esplendor está repartido

entre su techo, su suelo y sus cuatro paredes;

en el estuco y en los azulejos hay maravillas,

pero las labradas maderas de su techo aún son más extraordinarias;

fueron reunidas y su unión dio lugar a la más perfecta

construcción donde ya había la más elevada mansión;

parecen imágenes poéticas, paranomasias y trasposiciones,

los enramados e incrustaciones».

Fragmento del Tercer poema en la torre de la Cautiva, Ibn al-Yayyab

Si a estos poemas epigráficos le sumáis una serie de fuentes, patios, columnas, yeserías, cúpulas, coloridos zócalos y azulejos y unas cuantas cosas más, obtendréis como resultado esta maravilla para nuestros ojos: La Alhambra.

Imagino que ahora os habéis quedado con las ganas de conocer este monumento un poquito más a fondo, así que os invito a seguir leyendo para descubrir las partes más importantes de la fortaleza.

La Alcazaba

La Alcazaba

La Alcazaba

Esta es la parte más antigua del monumento de La Alhambra, construida bajo el mandato de Muhammad I, más conocido como Ibn al-Ahmar. La Alcazaba pasó de ser una zona militar que servía de refugio ante posibles ataques hasta convertirse en una residencia real donde vivían los sultanes y la nobleza. Cuenta con varias torres defensivas, siendo la más destacada la Torre de la Vela por las magníficas vistas que ofrece y por ser la más alta de todas con un total de 27 metros. La Torre del Homenaje y Torre Quebrada tienen una altura inferior y a sus pies se sitúan las mazmorras, cerradas hoy en día. Una vez en el interior de La Alcazaba nos encontramos con la Plaza de Armas, que actualmente acoge los restos de los hogares de los militares, que nos permiten observar la estructura típica de las viviendas de la época. A la entrada de esta parte amurallada si sitúa el Jardín de los Adarves, cuyas vistas tampoco pasan desapercibidas.

Palacios Nazaríes

Palacios Nazaríes

Palacios Nazaríes

Los Palacios Nazaríes fueron mandados construir posteriormente por Muhammad V para utilizarlos como propia residencia y para administrar asuntos importantes. Están compuestos por tres espacios: El Mexuar, el Palacio de Comares y el Palacio de los Leones.

El Mexuar es la edificación más antigua de las ya presentadas, un espacio diáfano con columnas laterales y un oratorio al fondo usado para celebrar reuniones y audiencias importantes del Estado. Cruzando un estrecho arco llegamos al Cuarto Dorado, llamado así por el color de su techo de madera, que fue utilizado como sala de espera. Esta parte también cuenta con el Patio de Machuca, restaurado durante la época cristiana y cuyo mayor atractivo es una sucesión de arcos.

El Palacio de Comares fue la vivienda real del sultán y el lugar donde se gestionaban los asuntos oficiales. El Patio de los Arrayanes, de planta rectangular, funcionaba como eje central, y a su alrededor se distribuían las diferentes salas. En el interior de la Torre de Comares está presente el Salón de Embajadores, una sala en forma de cubo decorada de arriba abajo. Otra estancia destacable es la Sala de la Barca, cuyo nombre procede del término árabe “baraka”, que significa bendición. En su parte este se sitúan los Baños de Comares, que fueron levantados al estilo musulmán, pero siguiendo el viejo modelo de las termas romanas.

Por último, tenemos el Palacio de los Leones, mandado construir como área privada para la familia del sultán. Aquí se encuentra el famoso Patio de los Leones, encabezado por una fuente sostenida por doce leones de mármol, una de las imágenes más representativas de toda La Alhambra. Alrededor del patio hay dos salas importantes: la Sala de los Abencerrajes, es la habitación donde el rey dormía, sin ventanas, altamente decorada y donde la leyenda cuenta que fueron degollados los caballeros Abencerrajes, y la Sala de las Dos Hermanas, en referencia a dos enormes losas de mármol colocadas en torno a la fuente. La habitación más sencilla de todo el palacio es la Sala de los Mocárabes, en cuyas paredes pueden observarse el escudo y el lema nazarí. No nos podemos olvidar de la Sala de los Reyes, la cual está dividida en siete partes: tres habitaciones cuadradas separadas por dos tramos rectangulares y dos alcobas en los extremos. Los tres habitáculos cuadrados cuentan con cúpulas de mocárabe, siendo una de ellas la poseedora de una pintura que representa a diez monarcas, de ahí su nombre.

El Generalife

El Generalife

El Generalife

Este es el pulmón verde de todo el conjunto, construido entre los siglos XII y XIV en el vecino Cerro del Sol como lugar de recreo para el sultán y su familia. Como su propio nombre indica, “jardín del arquitecto”, es una zona de huertos y jardines en la que resulta muy fácil encontrar la paz gracias al estrecho lazo entre el agua y las plantas de los diferentes patios. Su imagen más emblemática es el Patio de la Acequia, donde dejaremos atrás un pórtico de cinco arcos para adentrarnos en la Sala Regia y alcanzar su gran mirador. Pero la visita no termina aquí, os animo a conocer todo El Generalife con calma para descubrir rincones como la rosaleda de los Jardines Bajos, el pequeño laberinto de los Jardines Altos o la reconocida Escalera del Agua.

Palacio de Carlos V

Palacio de Carlos V

Palacio de Carlos V

A diferencia del resto de construcciones de La Alhambra, este es el único palacio que cambia su estilo arquitectónico de forma radical dejando atrás las huellas nazaríes para dar la bienvenida al Renacimiento. Se construyó por orden de Carlos V, cuyas intenciones fueron edificar su Palacio Real en La Alhambra, una residencia donde poder alojarse con su familia, aunque tardó en terminarse 430 años, pues sufrió parones y pasó por varias etapas. Empezó en las manos del arquitecto toledano Pedro Machucha en 1527 para terminar en las de Leopoldo Torres Balbás en 1923, cuya restauración acabó en un palacio rectangular con un patio circular en el centro rodeado de 32 columnas dóricas en su planta baja y 32 columnas jónicas en su planta superior. Hoy en día este palacio se ha convertido en el Museo de Bellas Artes de Granada.

Para visitar La Alhambra es recomendable acudir con cita previa, pues es un monumento muy demandando y que además tiene un aforo limitado. Podréis dedicarle a este monumento todo el rato que queráis, hacer la visita con calma y fotografiaros con los atractivos más emblemáticos, aunque la duración media de la visita es de unas tres o cuatro horas.

Además, una parada obligatoria para obtener las mejores vistas de La Alhambra es el Mirador de San Nicolás, en pleno barrio del Albaicín, considerado como un rincón románico por excelencia. Allí podréis tomaros una foto, para muchos la más bonita de Granada, teniendo de fondo Sierra Nevada y donde disfrutaréis de un ambiente muy especial.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioComentar entrada