Las fiestas de San Isidro

Madrid

Si piensas en Madrid, probablemente acudirán a tu mente imágenes de la Gran Vía, grandes edificios, turistas en la Puerta del Sol, salidas de Metro abarrotadas de gente yendo a trabajar… un lugar donde la vida es rápida y no hay tiempo para nada que se salga de la rutina. Pero (casi) milagrosamente, un par de veces al año, Madrid se detiene en el tiempo y se permite el lujo de retroceder un par de siglos, volviendo a lo castizo, a la vida tranquila y a sus orígenes.

Uno de esos momentos es San Isidro, que rivaliza en fama y casticismo con la mismísima verbena de La Paloma, y que reúne a madrileños y visitantes en La Pradera para festejar la llegada de la primavera.

 

La Pradera de San Isidro

Ricardo Sepúlveda describía la verbena y romería de San Isidro con estas palabras:

“Al amanecer empieza el movimiento de los romeros contemporáneos. No es ya la tradición religiosa, o la devoción al glorioso San Isidro, la que conduce a la mayor parte: es el deseo de divertirse y cometer toda clase de locuras, casi en las barbas del santo”. Han pasado 130 años, pero podríamos haber empezado este artículo con esas mismas palabras.

Cada 15 de mayo la Pradera se llena de visitantes y gatos (título que llevan con orgullo los madrileños cuyos padres y los cuatro abuelos han nacido en Madrid) dispuestos a pasar un día pisando césped en lugar de asfalto, mientras disfrutan de algunas de las tradiciones más célebres de la Villa.

Atracciones de feria, puestos de comida y bebida, y tenderetes de baratijas se apiñan a lo largo y ancho de la Pradera para cubrir cualquier necesidad que pueda surgir a los romeros. Aunque bien es sabido que a San Isidro se va con una cesta cargada de tortilla de patatas, aceitunas y altramuces para compartir con amigos, familia y vecinos.

 

¿Qué comer y beber en San Isidro?

Como toda fiesta española que se precie, esta celebración tiene su gastronomía propia. Cuando el calor aprieta, no hay nada mejor que tomar una limonada madrileña o “limoná”, bebida que podemos encontrar en bares y barras de las calles de La Latina, Chamberí y Las Vistillas. Lleva limón, sí, pero también vino blanco y manzana.

Si prefieres algo con menos alcohol, puedes beber el “agua del santo”, que brota de un manantial cercano a la ermita de San Isidro, aunque es probable que tengas que hacer cola durante varias horas para conseguirlo.

 Rosquillas de San Isidro

Rosquillas de San Isidro

También es muy común encontrar puestos de casquería con zarajos, entresijos y gallinejas. Básicamente se trata de diferentes partes del cordero fritas, así que, si no estás familiarizado con estos términos, te recomendamos preguntar in situ para no acabar llevándote una sorpresa.

Durante todo el mes de mayo, las pastelerías de Madrid lucen en sus escaparates las llamadas Rosquillas del Santo, y te recomendamos encarecidamente que no termines tu viaje sin probarlas. Según los autóctonos, las mejores son las de La Mallorquina (Calle Mayor, 2), El Horno de San Onofre (Calle de Hortaleza, 9) y El Riojano (Calle Mayor, 10). También las encontrarás en prácticamente cualquier puesto de la Pradera.

Ahora bien, lleva bien aprendida la lección, pues es un pasatiempo muy común entre los madrileños bromear a costa del turista que las confunde. Aunque todas están elaboradas de manera similar (sus ingredientes principales son la harina, el huevo y el anís), las encontrarás de cuatro tipos: las tontas, las listas, las de Santa Clara y las francesas.

Las tontas son las más fáciles de reconocer porque no llevan nada por encima. A las listas las reconocerás porque sí saben, ya que están cubiertas por un glaseado hecho con sirope de azúcar, zumo de limón y huevo. Su color más común es el amarillo, pero las encontrarás de todos los colores. Las de Santa Clara también son muy fáciles de reconocer, gracias al color blanco puro del merengue seco con el que están cubiertas. Y por último, las francesas, que están rebozadas con trozos de almendra.

El origen de este dulce es algo incierto, pero lo que es seguro es que no tendría la popularidad que tiene ahora si no hubiera sido por la Tía Javiera, que las hizo famosas a finales del siglo XIX.  Esta vecina de Villarejo de Salvanés se convirtió en toda una experta en el arte de la elaboración de las rosquillas que hoy se conocemos como de Santa Clara. Su destreza con ellas era tal que consiguió que, al partir la rosquilla, el glaseado no se rompiera ni se desprendiera (comprenderás la importancia de este hito si te lanzas a probarlas), y las vendía con gran éxito cada año en la Pradera de San Isidro. Tal llegó a ser su fama que, al morir la Tía Javiera sin descendencia, fueron muchos los que quisieron aprovechar el tirón que habían conseguidos sus rosquillas y colocaban carteles en sus puestos afirmando que eran sus familiares. Hasta tal punto llegó este aumento de la familia, que empezaron a circular coplillas que evidenciaban el oportunismo de los vendedores (lo que venían siendo los memes de la época). Una de ellas decía así:

«Pronto no habrá, ¡Cachipé!

en Madrid duque ni hortera

que con la tía Javiera

emparentado no esté».

Poco más conocemos de este personaje, pero lo que sí sabemos, gracias a un artículo de Jacinto Benavente publicado en ABC en 1950, es que no vestía de chulapa: “No vestía de lugareña, como las de otros puestos similares. Vestía a lo señora de pueblo y llevaba al cuello un collar de aljófar con muchas vueltas”.

 

Cuando vengas a Madrid, chulapa mía

Chulapo

Chulapo

Allí donde haya un organillo sonando encontrarás a una pareja bailando un chotis, el baile más típico de Madrid. Y desde hace unos años, la Federación de Grupos Tradicionales Madrileños está decidida a que no se pierda la costumbre. Por ello, organiza el llamado “Baile vermú castizo” durante los días de fiesta para que todo el mundo tenga la oportunidad de bailar, al menos una vez, al ritmo de chotis y pasodobles.

Si vas a tomar un piscolabis, comer unas rosquillas y bailar un chotis, sólo te falta vestir de chulapo o chulapa. Para convertirte en un verdadero chulapo necesitarás una parpusa (gorra negra o de cuadros blancos y negros muy pequeños, con visera), un chaleco oscuro con un clavel rojo en la solapa, una camisa de manga larga, un pañuelo blanco en el cuello y botines negros.

Y para conquistar Madrid como una chulapa castiza tendrás que llevar el vestido típico de lunares (o cuadros de Vichy), un mantón de Manila sobre los hombros, y un pañuelo en la cabeza, dejando a la vista un clavel rojo y otro blanco. Podrás amortizar el gasto en otras fiestas populares de Madrid como la Verbena de la Paloma o San Lorenzo, pero lamentamos decirte que, aunque es una tradición que se está recuperando en los últimos años, no está en su momento de mayor popularidad. Por ello, te recomendamos, ante todo, que vayas cómodo, con ropa y calzado que te permita aguantar varias horas de pie, sentarte libremente en la hierba y salir corriendo en caso de lluvia.

 

San Isidro y el agua

Calle madrileña en San Isidro

Calle madrileña en San Isidro

Aunque hace muchos años que esta fiesta se desprendió del fervor religioso con el que fue creada, tampoco podemos olvidar a Isidro de Merlo y Quintana, más conocido como San Isidro Labrador, patrón de los madrileños y de los labradores y ganaderos de toda España.

Este popular santo está estrechamente relacionado con el agua: en vida fue zaorí y pocero y es conocido como “hacedor de lluvias”, razón por la cual, a partir del siglo XV, su cuerpo comenzó a ser sacado en procesión como rogativa de lluvia. Actualmente el cuerpo incorrupto descansa en el altar mayor de la Colegiata de San Isidro, a buen recaudo en dos arcas, una interior y otra exterior, y protegido por 15 llaves.

La última vez que se destapó el arca, en 1985, los presentes aseguraron que estaba “prácticamente entero”, lo que ya de por sí podría ser considerado como milagroso.

A lo largo de la historia no han faltado quienes han intentado conseguir una reliquia del santo para sus fines particulares.

Por citar alguno de los casos más disparatados, sabemos que un herrero de Carlos II le llevó al rey un diente de San Isidro, que fue cosido bajo su almohada para tratar de curarle una enfermedad. O que Juana Manuel, esposa de Enrique II, intentó llevarse un brazo del santo, miembro que está sujeto al cuerpo con una cinta. Aunque nada puede compararse al caso de una de las damas de Isabel la Católica, quien le arrancó de un mordisco un dedo del pie. Al final acabó confesando y no pudo quedarse con su reliquia.

 

No es sólo Pradera todo lo que reluce

San Isidro es una de las fiestas más grandes de Madrid y los actos no se concentran únicamente en la Pradera. Las Vistillas, la Plaza Mayor, el Templo de Debod, la Plaza de Colón, la Puerta del Ángel y un largo etcétera de plazas y parques, se convierten en escenarios de las actividades de estos días: conciertos, representaciones de zarzuela, música clásica, desfiles de gigantes y cabezudos, fuegos artificiales… Lo que nos queda claro, a estas alturas del artículo, es que San Isidro es una fiesta que hay que vivir en las calles de Madrid.

 

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