Ksamil es uno de esos lugares que sorprenden desde el primer vistazo: aguas transparentes en tonos turquesa, pequeñas islas frente a la costa y una calma que recuerda a destinos mucho más lejanos. Situado en el sur de Albania, a orillas del mar Jónico, combina paisajes casi vírgenes con una atmósfera relajada y acogedora. Con ese aire de Caribe escondido en el Mediterráneo, se convierte en el escenario perfecto para desconectar, disfrutar del buen clima y vivir el verano sin prisas, siendo además el destino ideal para estas vacaciones.
Ksamil es un pequeño destino costero situado en el sur de Albania, en la llamada Riviera albanesa. Se encuentra muy cerca de la ciudad de Sarandë y a pocos kilómetros de la frontera con Grecia. Este destino, todavía poco conocido en comparación con otros rincones del Mediterráneo, sorprende por sus aguas cristalinas de tonos turquesa, sus playas de arena blanca y sus pequeñas islas frente a la costa, que crean un paisaje que recuerda inevitablemente al Caribe.
Para llegar a Ksamil, lo más habitual es reservar vuelos a Tirana, la capital de Albania. Desde su aeropuerto internacional, el trayecto hasta Ksamil dura aproximadamente entre 4 y 5 horas por carretera. Puedes alquilar un coche, tomar un autobús hasta Sarandë o contratar un traslado privado, disfrutando durante el recorrido de paisajes montañosos y tramos de costa especialmente bonitos.
Otra opción muy popular es reservar vuelos a Corfú, ya que esta isla griega se encuentra muy cerca de Ksamil. Desde Corfú salen ferris diarios hacia Sarandë y, una vez allí, Ksamil está a solo 15 minutos en coche o autobús. Es una de las formas más rápidas y cómodas de llegar, especialmente si estás pensaando en combinar Grecia y Albania en el mismo viaje.
En tema de playas te recomiendo que explores varias porque, aunque todas tienen ese agua cristalina increíble, cada una tiene su rollo. La más famosa es Ksamil 7, justo en el centro, con arena blanca, mucho ambiente y todos los servicios.
Muy cerca tienes Bora Bora Beach, que es de las más bonitas y fotografiadas, con el agua súper tranquila y un beach club bastante animado. Si te apetece algo más cuidado, Bianco Beach tiene un ambiente más elegante y cómodo, y tanto Laguna Beach como Lori Beach son buenas opciones si buscas algo más tranquilo y económico.
Si prefieres escapar del bullicio, también te diría que salgas un poco del centro. Pulebardha Beach es más natural y relajada, con menos gente y aguas muy limpias. Mirror Beach (Plazhi Pasqyrave) merece muchísimo la pena por lo espectacular que es, aunque el acceso es algo más complicado.
Uno de los musts de Ksamil con sus beach clubs, porque forman parte de la experiencia. Uno de los más conocidos es Bora Bora Beach Club, con un ambiente muy animado, buena música y todas las comodidades: tumbonas, sombrillas y restaurante a pie de playa.
No te pierdas Bianco Lounge Bar, más cuidado y elegante, ideal si te apetece algo más tranquilo, con camas balinesas y buen ambiente para pasar el día. Otro que suele tener bastante movimiento es Principotes Beach Bar, perfecto si buscas música y ambiente más social.
En general, todos los beach clubs ofrecen servicios similares: alquiler de tumbonas (suelen rondar entre 10 y 30 € según la ubicación y temporada), bares con cócteles, restaurantes con pescado y marisco fresco, y en algunos casos incluso DJs o música en directo al atardecer.
Personalmente, te diría que pruebes varios porque cada uno tiene su estilo, pero todos comparten algo: vistas increíbles, agua espectacular y ese ambiente relajado que engancha desde el primer momento.
Una de las visitas que no te puedes perder en Ksamil son las Islas Gemelas, uno de los rincones más especiales y bonitos de la zona. Se trata de dos pequeñas islas muy cercanas entre sí, cubiertas de vegetación y rodeadas de un agua increíblemente clara, con tonos turquesa que parecen de otro lugar. Lo mejor es que desde la playa puedes llegar fácilmente nadando, en kayak o en una pequeña barca, lo que hace que la experiencia sea aún más divertida.
Una vez allí, te encuentras con un ambiente mucho más tranquilo que en las playas principales. Hay pequeños rincones de arena y roca donde tumbarse, y las vistas desde las islas hacia la costa de Ksamil son espectaculares. Además, el agua alrededor es perfecta para hacer snorkel, ya que es muy transparente y suele haber bastante vida marina.
Personalmente, te diría que vayas a primera hora o al final del día, cuando hay menos gente y la luz es más bonita. Es uno de esos sitios que, aunque es muy popular, sigue conservando ese toque especial que hace que realmente sientas que estás en un lugar único.
Sarandë es una pequeña ciudad costera situada en el sur de Albania, en plena Riviera Albanesa y muy cerca de la frontera con Grecia, justo frente a la isla de Corfú. Es el “centro base” de la zona: tiene más ambiente, hoteles, restaurantes y transporte, mientras que Ksamil es más tranquilo y enfocado a playas paradisíacas. Por eso, aunque te alojes en Ksamil merece la pena pasar por Sarandë al menos unas horas o medio día.
Ir de Ksamil a Sarandë es muy fácil porque están a unos 13–15 kilómetros de distancia, lo que se traduce en unos 20–30 minutos de trayecto. La opción más barata y típica es el autobús local, que cuesta unos 2–3 € y sale con bastante frecuencia. También puedes ir en taxi (más cómodo, unos 10–15 €) o alquilar coche si quieres parar en playas por el camino, ya que la carretera es bastante bonita y costera.
Una vez en Sarandë, lo principal es pasear por su paseo marítimo lleno de bares y terrazas, disfrutar de sus playas urbanas y del ambiente veraniego. También puedes subir al castillo de Lëkurësi, desde donde tendrás una de las mejores vistas panorámicas de la bahía y de Corfú.
Si estás en Ksamil, te recomiendo sin duda que visites Butrinto, porque es uno de esos lugares que sorprenden de verdad. No es solo un conjunto de ruinas, sino un entorno único donde se mezclan historia, naturaleza y paisaje en un mismo sitio.
Pasear entre restos griegos, romanos y bizantinos rodeado de vegetación y junto al lago hace que la experiencia sea muy especial y diferente a otros yacimientos. Además, es una visita muy fácil de combinar en un día y merece totalmente la pena para entender mejor la historia de la zona.
Butrinto cuenta con una historia que se remonta a la prehistoria y, a lo largo de los siglos, pasó por distintas etapas como colonia griega, ciudad romana y sede episcopal. Vivió una época de gran esplendor durante el dominio bizantino y, más adelante, tuvo una breve ocupación veneciana.
Sin embargo, a finales de la Edad Media, la ciudad fue abandonada debido a la formación de marismas en la zona. Hoy en día, el yacimiento arqueológico conserva restos que reflejan todas estas etapas, permitiendo recorrer y entender la evolución de la ciudad a través del tiempo.
El Parque Nacional de Butrinto fue incluido en la lista de monumentos protegidos en 1948 y hoy su conservación está regulada por la Ley de Patrimonio Cultural. Además, sus humedales fueron reconocidos a nivel internacional en 2002 por la Convención Ramsar, y en 2005 el área fue declarada parque nacional con una extensión de 86 km².
Desde mi experiencia, el Blue Eye (Syri i Kaltër) fue uno de los sitios que más me sorprendió de todo el viaje por Albania. Es un manantial natural en medio de un entorno súper verde, cerca de Sarandë, rodeado de bosque, y la verdad es que el lugar por sí solo ya merece la excursión.
Lo que más impacta al llegar es el color del agua. Se ve literalmente como un “ojo”: un centro azul oscuro muy intenso rodeado de tonos turquesa y verde que parecen irreales. El agua es tan transparente que parece que estás viendo a través de un cristal, y además brota con una fuerza impresionante desde el interior.
Otra cosa que me llamó mucho la atención es que no se sabe lo profundo que es. Han bajado más de 50 metros, pero nadie ha conseguido llegar al fondo por la presión del agua. Y ojo, porque aunque dan ganas de meterse, el agua está heladísima (sobre unos 10–12 grados), así que es más para mojarse rápido que para bañarse tranquilamente.
Además, algo importante a tener en cuenta: no es totalmente gratis, pero cuesta muy poco. Para entrar al parque natural hay que pagar una pequeña entrada (menos de 1 € normalmente), y si vas en coche también tendrás que pagar el parking, que ronda unos pocos euros según el tiempo que estés.
En mi opinión, es una excursión que merece muchísimo la pena si estás en Ksamil o Sarandë. No solo por lo bonito que es, sino porque es un sitio bastante único y diferente a cualquier otro paisaje que vayas a ver en la Riviera Albanesa.