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Carmona

Carmona

Desde siempre, Carmona ha tenido un legado histórico impresionante que ha ido heredando de las múltiples civilizaciones que han pasado por ella y que han ido inundando sus calles. De hecho, su nombre es bastante curioso porque es el resultado de los distintos apodos que fueron poniéndole nuestros antepasados. Comenzó con Kar, una palabra de origen fenicio que significa ciudad, más tarde pasó a ser Carmo, término que adoptó de los romanos y por último, Qarmuna, de origen árabe.

Los cartagineses y visigodos también residieron en Carmona, así que podría decirse que el conjunto arquitectónico de la ciudad que hoy se asienta en la Vega del Corbones pertenece a todos y cada uno de los pueblos que pusieron su granito de arena para hacerla crecer. Y, por ello, podemos percibirla como un destino multicultural que tiene las puertas abiertas a todos los ciudadanos y turistas de este lugar llamado mundo.

El legado romano

Necrópolis de Carmona

Necrópolis de Carmona

La mayor calzada romana de Hispania, la Vía Augusta, pasaba por Carmona, que reproduce vagamente la estructura urbanística típica del Imperio. El ejemplo más claro de ello es el anfiteatro romano que ha estado escondido durante tantos años, ya que fue descubierto por unas excavaciones que comenzaron en 1885 y no tuvieron fin hasta 1970. Y este tiene una especialidad, y es que no se usó únicamente como lugar de celebración de juegos, también fue usado en gran parte para acoger los primeros enterramientos de la metrópoli.

En la actualidad puede visitarse el Conjunto Arqueológico de Carmona, formado también por la Necrópolis, uno de los espacios funerarios mejor conservados en la península ibérica. Teóricamente, en este lugar se utilizaba la incineración para después enterrar las respectivas urnas en las cámaras funerarias subterráneas. La construcción más típica de aquel momento eran los mausoleos familiares, aunque las partes superiores de las tumbas han desaparecido con los años y ya no se dejan ver.

Aún así, destacan dos tumbas: la Tumba del Elefante y la Tumba de Servilia. La primera recibió ese nombre porque en su interior se encontró una estatua de un elefante y se piensa que se utilizaba como lugar donde se celebraban rituales dedicados a los dioses Cibeles y Attis. La segunda contenía una estatua de una mujer sin cabeza con una inscripción que decía Servilia, que realmente hacía referencia al nombre de la familia y no al de la fémina. En ella también se pueden observar unas pinturas que según dicen reproducían escenas de la época o bien de la vida de la familia.

Puerta de Córdoba

Puerta de Córdoba

También heredó del Imperio una muralla que rodeaba la ciudad y que conectaba con el exterior a través de cuatro puertas, de las cuales sólo se conservan 2, la Puerta de Córdoba y la Puerta de Sevilla. Ambas han sido fruto de remodelaciones y ampliaciones que han favorecido su buen estado de conservación.

Las fortalezas de Carmona

Alcázar de la Puerta de Sevilla

Alcázar de la Puerta de Sevilla

Sobre la Puerta de Sevilla se construyó el alcázar, de ahí su nombre: Alcázar de la Puerta de Sevilla o Alcázar de Abajo, que está situado en la parte baja de la localidad, en pleno casco histórico. Fue levantado poco a poco por los pueblos que convivieron en Carmona, iniciado por fenicios y rematado por cristianos para terminar convertido en el Centro de Recepción Turística. Sus partes más significativas son la Torre del Homenaje, el Patio de los Aljibes y la Torre del Oro, que ofrece unas vistas panorámicas de infarto de Carmona.

Parador de Carmona

Parador de Carmona

El Alcázar del Rey Don Pedro o Alcázar de Arriba, en contraposición al anterior, está situado en la parte más alta de Carmona. Se trata de un alcázar musulmán que vivió su primera restauración bajo el mandato de Pedro I convirtiéndolo en uno de sus palacios favoritos, aunque más tarde los Reyes Católicos adornaron las dependencias reales y levantaron el cubete. En 1755 tuvo lugar un desastroso terremoto que lo dejó en estado de ruina, lo que provocó el abandono de esta fortaleza. En el lado oeste del recinto se edificó el actual Parador de Carmona, un exquisito alojamiento con unas instalaciones sorprendentes que ofrecen unas preciosas vistas a la campiña. ¡Ideal para un fin de semana!

Un camino religioso

Iglesia de San Pedro

Iglesia de San Pedro

Cuando estás paseando por Carmona, automáticamente sientes una sensación de familiaridad y por un momento tu subconsciente se ve reflejado nada más y nada menos que en Sevilla porque la Iglesia de San Pedro de Carmona, o, mejor dicho, “La Giraldilla”, presenta un aspecto muy similar a La Giralda de la capital andaluza. La hermana pequeña fue construida en el siglo XV en estilo barroco, aunque ha ido sufriendo remodelaciones a lo largo de los años. A pesar de ello, en su interior se pueden ver imágenes importantes como las de la Hermandad de la Humildad y Paciencia y María Santísima de los Dolores y una Capilla Sacramental Barroca, mientras que de su exterior destaca la torre, su elemento más característico, que ofrece unas vistas de Carmona y de la vega que son dignas de ver.

Iglesia de Santiago

Iglesia de Santiago

Muy cerca de la Puerta de Córdoba se sitúa la Iglesia de Santiago, levantada en el siglo XIV sobre una antigua mezquita. Debido a dos terremotos que azotaron las tierras andaluzas, este templo ha sido reconstruido en varias ocasiones, lo que produjo la reforma de las bóvedas y los cuerpos superiores de la torre. De hecho, sus partes más notables están formadas por la portada mudéjar y la torre, cuya decoración está compuesta por paños de sebka. De su interior sobresalen los azulejos de las capillas absidiales y la capilla bautismal, que forman parte de este conjunto religioso tan visitado.

Convento de Santa Clara

Convento de Santa Clara

El Convento de Santa Clara es otra de las construcciones religiosas más sustanciales de Carmona. Se fundó en el año 1460 por la autorización del Papa Pío II, convirtiéndose rápidamente en una de las comunidades más ricas de Andalucía, ya que acoge a monjas Franciscanas de la orden de Santa Clara. Está compuesto por una iglesia mudéjar y un claustro adornados por azulejos, ambos procedentes del siglo XVI. Entre los siglos XVII y XVIII es cuando la iglesia adquiere su aspecto actual, añadiéndose elementos importantes como las pinturas murales del presbiterio, la portada del compás con puertas gemelas y la torre mirador, que ofrece bonitas vistas a los alrededores.

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